jueves, 16 de julio de 2009

Otras vidas

Nunca he sido aficionado a madrugar y la vida me ha permitido no hacerlo de forma sistemática. Ninguno de mis trabajos me exigía levantarme antes de las siete de la mañana. Pero en cualquier caso llevo sin hacerlo hace años. Me levanto entre las ocho y las diez. Sin despertador y dependiendo de la hora en que me haya dormido, raramente antes de la una o dos de la madrugada. Así que duermo unas siete horas y siempre muy bien.


Hoy sin embargo me he levantado a las seis de la mañana, tras dormir cinco horas (me quedé viendo "Fado" de Carlos Saura y leí algunas páginas de "Los detectives salvajes" de Roberto Bolaño). Había quedado con un amigo a las siete en punto para caminar una hora. Él lo hace todos los días. Después se ducha y se va a su despacho a trabajar el resto de la jornada. He llegado cinco minutos tarde y no estaba. He pensado que se había ido creyendo que yo no iba a acudir. Sin embargo he decidido esperar hasta las siete quince y esa hora exacta le he visto venir. En realidad volvía arrepentido de haber empezado a caminar sin esperarme. Y hemos empezado a caminar a su ritmo, al que se emplea cuando llegas tarde al tren. La avenida, preciosa avenida al borde de la playa de esta ciudad atlántica, estaba llena de caminantes como nosotros, nadie jóven, mas hombres que mujeres, algunos con bastones alpinos en ambas manos, todos muy bien calzados. Mi amigo y yo no hemos parado de hablar, solo nos interrumpía los saludos a otros caminantes que mi amigo prodigaba. Esta es una ciudad de pocos habitantes y los aficionados a caminar a las siete de la mañana aún menos, así que todos se conocían. El nuevo era yo. Le he preguntado cómo le ha dado por esto de andar a estas horas y todos los días y me ha dado varias razones de las que me quedo con una: no toma medicinas, esta es su pastilla diaria. Sobre lo que hablamos ya les contaré.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

me encanta ese pequeño gran detalle de amistad: no poder aguantar la espera 5 minutos y luego sin embargo desandar lo andado y volver (aunque lleve más de 5 minutos). isa

P.D: yo el otro día me hice fan de juliano, pero dicen por ahí que eres tú, copifate. Qué desconcierto!. En fin, qué más da, el caso es disfrutar de lo leído.

copifate dijo...

Lagrimones como naranjas caen por mis mejillas viendo a Isa, la dulce, comentar por estos barrios.
Gracias por la visita. Espero no aburrirte

Cris dijo...

Ayer pase por encima y por debajo de este maravilloso post, pero no fui capaz de comentar nada. Hoy, me siento más próxima y confiada, quizá por la "silenciosa tormenta" veraniega que nos ha regalado un generoso olor a tierra húmeda cuando hoy amanecíamos a las siete. Las siete, una hora perfecta, silenciosa, clarividente, donde UNA no es todavía UNA, aunque lo sea, quizá porque aun pertence, en cierta forma, al mundo de un sueño reciente, en que también era UNA, pero como si fuera OTRA.

Miguel Ángel Pegarz dijo...

Que tremenda suerte no tener que madrugar!! a mi me dobla, y eso que en ciudades pequeñas como la mía no se necesita levantarse en plena noche para poder llegar a trabajar.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo en lo del narcisismo, pero evidentemente hay quien necesita camuflar su realidad para expresar mejor las decepciones que le producen la falta de respuestas y reconocimientos de un entorno cada día más vulgar y disperso.Exponerse en un escaparate virtual está bien y además es una buena manera de reorganizarse la cabeza con el intercambio de pensamientos,deseos y químeras que lanzas a un espacio neutro a la espera de que otros peces piquen. Entre florituras e ideas brillantes puedes conseguir ampliar la lista de amigos pero !Ojo¡ todo afan requiere su tiempo ¿Seguro que en el tuyo hay espacio para el intercambio de palabras afectuosas,ocurrencias interesantes y controversias creativas con las personas cercanas?